Si, tú ingenuo collar de pájaros...
Altos surtidores en los que el agua canta. Sus dieciocho
años, sus trenzas castañas que desatadas le llegaban hasta los tobillos, su tez
dorada, sus ojos oscuros tan abiertos y como interrogantes. Una pequeña boca de
labios carnosos, una sonrisa dulce y el cuerpo más liviano y gracioso del
mundo. ¿En qué pensaba, sentada al borde de la fuente? En nada. «Es tan tonta
como linda» decían. Pero a ella nunca le importó ser tonta ni hacer el ridículo
en los bailes. Una a una iban pidiendo en matrimonio a sus hermanas. A ella no
la pedía nadie.
«Eres un collar. Le decía Luis. Eres como un collar de
pájaros». Por eso se había casado con él. Porque al lado de aquel hombre
solemne y taciturno no se sentía culpable de ser tal cual era: tonta, juguetona
y perezosa. Sí, ahora que han pasado tantos años comprende que no se había
casado con Luis por amor; sin embargo, no atina a comprender por qué, por qué
se marchó ella un día, de pronto...
.No tienes corazón, no tienes corazón. Solía decirle a Luis.
Latía tan adentro el corazón de su marido que no pudo oírlo sino rara vez y de
modo inesperado… Nunca estás conmigo cuando estás a mi lado. Protestaba en la
alcoba, cuando antes de dormirse él abría ritualmente los periódicos de la
tarde… ¿Por qué te has casado conmigo? .Porque tienes ojos de venadito
asustado. Contestaba él y la besaba.
(María Luisa Bombal)
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