No es secreto que
por la noche, fragilidad y la oscuridad se intensifican más.
Me pierdo
constantemente en las sombras inteligibles del manto negro, sin poder
distinguir entre ellas diferencia alguna, y sin embargo, pese a tanta oscuridad
percibo el ardiente de deseo de explotar, de estallar en miles de partículas
lumínicas que no dejen a nadie exento de este padecer; oscuro, tenebroso, y a
la vez pasional y lleno de vida.
Sufrir, deshidratar,
desgarrar, gritar, y morir, para luego volver a la vida, llena de ganas de
volver a desfallecer, pero sabiendo que sentir siempre fue la razón, que volver
siempre fue la opción.