Difuminabas sin
cuidado… aquel sentimiento tan fuerte.
Casi lo borrabas, con
el dedo lastimero e incansable.
Reías. Mientras yo
miraba el suelo…
Miraba el suelo
enajenada con un dolor descomunal.
Parecías una Hiena,
burlesca, atolondrada
Y con las neuronas
desparramadas.
Me preguntaba… ¡Y
aún!
Si acaso en aquella
cavidad, donde tiene espacio un órgano esencial…
Tú, ¿Tienes quizás
ese órgano que te ayuda a pensar?
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