Era tan rutinaria aquella vía de escape,
Escapar del colegio para volver al día siguiente.
Un verdadero circulo vicioso.
Aquella calle larga y ancha que parecía nunca acabar.
El sol hacía sudar mi cuerpo,
Y la luz cegaba mis ojos.
Los autos pasaban seguidos unos tras otros,
Con ese ruido ensordecedor que las micros
¡Un minuto de silencio era lo que pedía!
Un minuto de silencio para ver si había algo más que una
triste rutina...
Entonces como si alguien me hubiese escuchado…
No había autos y el silencio era dulce…
¡Dulcemente apacible!
Se podía escuchar el tranquilo tinar de los pájaros…
Que ahora nadie podía interrumpir.
La brisa me abofeteaba la cara tenuemente.
Y como si fuera poco…
Aquel aroma tan banal que llamaba mi atención desde pequeña…
Pasto recién cortado.
Me hacía recordar esas tardes de domingo,
En que mi padre solía “jardienar”
No duraría toda la vida, los autos nuevamente
Comenzaban a circular…
Pero yo estaba feliz con aquel pequeño segundo.
En que el mundo parecía haberse estancado…
¡Alguien lo había detenido… solo para mí!
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