Salí de casa, el viento estremecía con sus desaforados soplos
sobre mis ideas…
el peso nunca fue la razón, si no mi extraña manía de pensar
demasiado.
La bicicleta me había aburrido con su monótono pedalear,
lo
entretenido de correr, supongo... es cuando llega el punto en que las piernas parecen no dar más, y ahí estás,
entre simplemente dejar de correr, o dejarte vencer porque crees que no puedes más.
De pronto me sorprendo, corriendo rápido y me superan
las ganas de escapar, sepas que cuando no te tengo, siento que la única manera
de no desmoronarme es mantenerme en movimiento, pero escapar da miedo, porque perdiéndote,
me pierdo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario